- ¿Y qué sugieres que haga? Dímelo porque yo no lo sé.

- Pues podrías ir despacio. Acercarte lentamente, mirándola a los ojos. Podrías apartarle el pelo de la cara, acariciarle el cuello, justo detrás de la oreja, donde a ella le gusta. Podrías atraerla hacia tí, haciéndole ver tus intenciones. Rodearla con los brazos, con fuerza, pero no demasiada, para transmitir esa sensación de protección. Abrázala como si quisieras protegerla de todos, de ella. Entonces podrías besarla. Despacio, no tengas prisa, saboreando cada segundo que pases con ella.

- Has sido de gran ayuda. Eso es exáctamente lo que haré.

- ("Podrías fijarte en mí...")

9 comentarios:

  1. qué bonito!! y dulce :) muy feliz día :))

    ResponderEliminar
  2. Precioso y al mismo tiempo se me hace lleno de desencanto.

    Besosss

    ResponderEliminar
  3. Joder.. me encanta.
    Creo que el último parentesis es el remate que borda la perfeccion.

    Muaa!

    ResponderEliminar
  4. La última frase debería haberla dicho en voz alta, pero a veces no se puede,¿verdad?

    Un beso =)

    ResponderEliminar
  5. Cuando eres tú quien aconseja al ser amado... vaya, sobrecogedor... y aún así somos tan fuertes de seguir a su lado, aún sabiéndolo...

    ResponderEliminar
  6. Es duro ser el amigo..el que brinda el tiempo y palabras de aliento..mas no el ser amado..

    Saludos!°

    ResponderEliminar
  7. Hey tu,,pasate por mi blog...hay un regalo para ti!°

    Saludos!°

    ResponderEliminar